La ribera del mar y de las rías, está comprendida por dos espacios: la zona marítimo terrestre y las playas (art. 3 Ley de Costas), sobre ambos establece modificaciones de mayor o menor calado la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible del litoral (en adelante LPUSL), que son objeto de este comentario.

La zona marítimo terrestre. Es el espacio comprendido entre la línea de bajamar escorada o máxima viva equinoccial, y el límite hasta donde alcanzan las olas en los mayores temporales conocidos, de acuerdo con los criterios técnicos que se establezcan reglamentariamente, o cuando lo supere, el de la línea de pleamar viva equinoccial. Esta zona se extiende también por las márgenes de los ríos hasta donde se haga sensible el efecto de las mareas [art. 3.1.a) LC].
El cambio operado en la definición de la zona marítimo terrestre se centra en el criterio para determinar el límite interior o terrestre, para lo cual la Ley remite a “los criterios técnicos” que se fijen en el futuro Reglamento.
Reglamento del que conocemos el proyecto hecho público por el Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación. Pues bien, el art. 4 del referido Proyecto concreta esos “criterios técnicos” de modo que será necesario para determinar el límite interior de la ribera del mar que esos temporales se repitan cuando menos cinco veces en un periodo temporal de cinco años, tanto da que se repitan cinco veces en un año o una vez cada año durante cinco, o cualquier otra formula con el mismo efecto. Lo importante en esta determinación reglamentaria es la vuelta al concepto de la Ley de Costas de 1969 que se trate de “temporales ordinarios”, entendiendo ordinarios en el sentido de la primera acepción que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua hace del mismo: común, regular y que sucede habitualmente.
El cambio, de mantenerse el Proyecto de Reglamento, es importante, pues ya no será suficiente con que se trate de temporales conocidos, según las referencias de que dispongan los técnicos en el momento de realizar el deslinde (art. 4 RLC), sino que será preciso, además que se hayan repetido durante, el periodo temporal fijado en el Proyecto de Reglamento. Ello traerá como consecuencia, más que probable, que deban revisarse muchos de los deslindes realizados para retraer hacia el mar el deslinde anterior.
Es cierto que se mantiene y por tanto actuará como amortiguador el siguiente criterio: la línea de pleamar viva equinoccial, siempre que ésta alcance una mayor superficie tierra adentro que los temporales, lo que desde luego no ocurre en el Mediterráneo.
La playa. Son zonas de depósito de materiales sueltos, tales como arena, gravas y guijarros, incluyendo escarpes, bermas y dunas, estas últimas se incluirán hasta el límite que resulte necesario para garantizar la estabilidad de la playa y la defensa de la costa.
En el caso de la playa el cambio se ha producido en relación con las dunas que no se incluyen todas como ocurría con la Ley del 88, sino sólo las necesarias para garantizar la estabilidad de la playa y la defensa de la costa.
Y, ¿cuales son esas? También en este punto es el Proyecto de Reglamento el que viene a esclarecer el criterio distinguiendo los distintos tipos de dunas existentes: duna en desarrollo o embrionaria; duna primaria; duna secundaria; duna estabilizada y duna relicta (art. 3.4 Proyecto de Reglamento).
Pues bien, forman parte de la playa y en consecuencia de la ribera del mar las dunas que estén en desarrollo, desplazamiento o evolución debido a la acción del mar o del viento marino, las dunas primarias y secundarias hasta su borde interior. Y, no forman parte de la playa las dunas estabilizadas y las relictas [art. 4.c)].
La exclusión de las dunas estabilizadas incorpora un criterio que genera un cierto margen de discrecionalidad, dado que aquéllas son las que están colonizadas por vegetación leñosa arbustiva o arbórea, en más del setenta y cinco por ciento de su superficie, en los casos dudosos, la fijación de la superficie será clave para su inclusión o no dentro de la playa. Con el objetivo de acotar esta cuestión, el Proyecto de Reglamento determina que para el calculo de la superficie se tendrá en cuenta la totalidad de la duna.
Otra cuestión de sumo interés en la que se han introducido modificaciones importantes es en el uso de las playas. Para ello el art. 33 LC anuncia una clasificación de éstas, hasta ahora inexistente en la Ley (esta distinción aparece en un buen número de planes de ordenación del litoral de distintas CCAA), entre playas urbanas y naturales.
En las playas urbanas se podrá autorizar eventos de interés general con repercusión turística, además de permitir la ubicación de instalaciones fijas y desmontables destinadas a comidas y bebidas, los populares chiringuitos. Para ello el Proyecto de Reglamento establece una distancia mínima entre instalaciones fijas de 150 metros y entre las desmontables de 100 metros (art. 69). Autorizando unas superficies de ocupación ciertamente generosas, ya que las instalaciones fijas pueden ocupar una superficie de 150 metros con edificación cerrada, a la que se pueden añadir otros 50 metros de terraza cerrada mediante elementos desmontables y 70 metros de ocupación abierta.
Las instalaciones abiertas cuya superficie no supere los 20 metros no requerirán de concesión, sino que será suficiente con una autorización en los términos previstos en los artículos 51 a 55 de la Ley.
No obstante, lo anterior, hemos de aclarar que la Ley sigue estableciendo como criterio general que las edificaciones al servicio de la playa se ubiquen, preferentemente, fuera de ella.
La distribución de las instalaciones tanto fijas como desmontables será determinada por las CCAA.